Perspectivas internacionales para la prevención de la caries

Cynthia Pine

Universidad de Dundee, Escocia.

25 de abril de 2001

 

 

7º Congreso Mundial de Odontología Preventiva. 24-27 abril, 2001. Pekín, China.

 

 

Me gustaría agradecer al comité organizador la oportunidad que me brinda de participar en este Congreso Mundial de Odontología Preventiva en Pekín.

 

En esta presentación se plantean aspectos clave de la prevalencia de caries en niños usando ejemplos de diferentes países para examinar el impacto de la pobreza y la diversidad étnica en la prevalencia y el acceso al tratamiento. Desde esta perspectiva, la presentación tratará del valor de dirigir la prevención de caries a los grupos de alto riesgo y sus efectos, y de cómo esto afecta a los programas de los países industrializados (desarrollados) y los de economías emergentes (en vías de desarrollo). En esencia, esta presentación intenta responder a cuatro preguntas: ¿Qué sabemos de la prevalencia de la caries en la actualidad? ¿Deberíamos dirigir nuestros esfuerzos a la prevención? ¿Qué conductas deberíamos modificar? Y como ejemplo, ¿Qué se puede aprender de un mismo programa aplicado en Escocia y en China?

 

Un gran número de publicaciones documentan el descenso de la caries en los niños de los países desarrollados desde mediados hasta finales de los años 1970. En varios países este descenso se ha detenido, e incluso en los EEUU con muchas ciudades donde se suministra flúor, la caries sigue siendo la enfermedad con más prevalencia en la infancia. Por otro lado, aunque los niveles de caries son generalmente bajos en los escolares de los países en desarrollo, la prevalencia de caries ha aumentado en áreas donde los niños consumen más productos con azúcares refinados. La prevalencia de caries varía entre los diferentes grupos socioeconómicos y étnicos dentro del mismo país. Cada vez más, aparecen informes sobre este último fenómeno en países europeos con las recientes llegadas de refugiados, inmigrantes y mano de obra extranjera.

 

La pobreza continúa siendo el determinante de salud más importante. La salud oral de los jóvenes refleja de manera directa el nivel de carencias materiales de la familia y de la comunidad en la que reside el niño. Los países con grandes diferencias en riqueza tienen grandes diferencias en salud oral infantil. La pobreza se puede cuantificar de diferentes maneras y en general, debería ser una medida relativa que permita comparar el nivel de desfavorecimiento dentro del estándar de un mismo país. Una medida directa es los ingresos familiares. En estudios nacionales de salud oral en los Estados Unidos, el nivel de ingresos por familia se expresa como una proporción de los ingresos en relación a la Línea de Pobreza instituida por el gobierno federal (establecida en 100). Es difícil obtener la información sobre los ingresos por familia, por lo que una medida indirecta pero precisa puede ser la zona de residencia. Esto puede funcionar como un sustituto de los ingresos si refleja el acceso a los bienes materiales de una comunidad. Las medidas de área a nivel de distrito se pueden utilizar en el Reino Unido donde es fácil asociar el código postal con los datos de la población censal, por ejemplo, datos de desempleo y sobre población en núcleos familiares. De forma más común, existen datos menos complejos y se pueden clasificar los resultados por zonas en urbanas, periféricas y rurales. Sin embargo, a efectos de planificación, tales divisiones son normalmente suficientes para identificar las diferencias en salud.

 

Para explorar la importante relación entre la pobreza y la salud oral, se han tomado los  ejemplos de los Estados Unidos, Escocia y China. En los EEUU, Vargas y sus colaboradores han documentado la experiencia de caries de niños en edad preescolar de acuerdo a los ingresos de sus padres en los informes de población más recientes (NHANES 1988 a 1994). Los niños que residen en familias en la Línea de pobreza o por debajo de ella (100 o menos) se consideran pobres y desde los 2 a los 5 años tenían un índice cao medio de 1,49. En contraste, los niños de familias acomodadas con los niveles de ingresos más altos (> 300) tenían un icao medio de 0,31, casi cinco veces inferior. La relación está claramente demostrada en sólo un número utilizando los datos seccionales del rango de ingresos completo. Hay más de una reducción a la mitad de la prevalencia de caries entre los niños cuyos ingresos familiares son por lo menos el doble de la Línea de pobreza establecida por el gobierno federal de los EEUU. Aunque menos marcada, hay diferencias significativas en la salud oral de los niños en edad preescolar en las provincias rurales en China. En dos áreas cerca de Pekín: Haidian tiene un desarrollo económico relativamente alto, y Miyun, más bajo. En los niños de 3 a 5 años en familias con ingresos anuales de 3000 yuan o menos, el 84,5 % carecía de caries en comparación con el 78,8 % (p=0,008) de aquellos que vivían en núcleos familiares de más de 3000 yuan anuales.

 

 

Una medida indirecta de la pobreza en Escocia es el DEPCAT, que refleja la categoría de privaciones de los barrios residenciales. Éste se obtiene al relacionar el código postal con los datos nacionales del censo de Gran Bretaña. La categoría de privaciones de DEPCAT es un índice compuesto de las siguientes cuatro variables: la proporción de hogares con un excesivo número de miembros, la proporción sin coche, con el cabeza de familia desempleado y aquellos en los que el cabeza de familia ocupa un puesto de trabajo no especializado, i.e. con bajos ingresos. Cada dos años, se llevan a cabo estudios sistemáticos de la salud bucodental de los niños de 5 años, dentro de un protocolo común de cada Consejo Sanitario. Los datos de 1997/98 se reflejan por categorías de privaciones. Tal y como se muestra, los niños de 5 años de los barrios más desfavorecidos (DEPCAT 7) tienen un icao de 4,80 y los de los menos desfavorecidos (DEPCAT 1) una media de 1,23. Cuando estos datos se incorporan a un gráfico, hay una relación lineal clara entre la privación material a los 5 años y la media de caries.

 

Un estudio reciente sobre salud dental en China comparó la salud oral de los niños de 12 años en áreas de rurales y en áreas urbanas de la provincia de Sichuan. En este estudio, la pobreza también coincidía con las áreas de residencia, teniendo en cuenta una clasificación más amplia de zonas urbanas, periféricas y rurales. Un trabajador manual en una zona urbana de Sichuan cobra al año aproximadamente 5.400 yuan (650 dólares USA) en contraste con los 1500 yuan (180 dólares USA) que percibe un granjero en una zona rural. Comparando el ICAO a los 12 años por tipo de residencia, i.e. urbana, periférica o rural, también reflejó una relación lineal entre la experiencia de caries y el área. Se pudo observar en este ejemplo, a pesar de los niveles de enfermedad relativamente bajos con todas las medias por debajo de 1. Una segunda variable demográfica que comúnmente se asocia a variaciones en la salud dental es el grupo étnico. En este contexto, las diferencias en la salud oral se han documentado en relación con el nivel de pobreza, grupo étnico o cultural y, entre la dentición primaria y la definitiva. Desde la perspectiva de los estudios nacionales, los EEUU proporcionan una rica fuente de datos. La salud dental por grupo étnico se ha estudiado para una gran variedad de grupos de edad, aquí tomaremos en cuenta los datos de los niños de 2 a 5 años. Los niños blancos, no hispanos tenían un icao medio de 0,67 desde 1988 a 1994, los afroamericanos una media de 1,04 y los de origen mexicano un 1,71. Esto significa un nivel de más de dos veces y media el de los niños blancos de la misma edad. Se pueden observar incluso mayores diferencias entre los niños de diferentes grupos étnicos de la ciudad de Ámsterdam en Holanda.

 

A los 5 años, los niños de padres de origen marroquí que viven en Amsterdam tenían un icao medio de 8,2, muy similar al de los niños turcos con una media de 8,1, más del doble de los niños holandeses cuyo icao era del 3,6 y los de Surinam, similares a los holandeses con 3,4. Las diferencias en la salud dental entre los diferentes grupos étnicos se ha estudiado también en Inglaterra. En este caso, teniendo en cuenta la experiencia de caries en dientes temporales a los 8 años, los niños de raza blanca tenían una media de 1,62, algo mayor que los de origen africano-caribeño con un 1,39. La mayor prevalencia de caries con 2,86 se observó en niños asiáticos cuyas familias procedían del subcontinente indio. Aunque se ha escrito mucho a lo largo de los años buscando una explicación biológica para estas variaciones, la mayoría se pueden explicar de forma sencilla. La relación no es directa pero necesita tener en cuenta el nivel de pobreza en los grupos étnicos cuando se estudien las variaciones en salud oral. La pregunta clave es: ¿Reflejan las variaciones en grupos étnicos diferencias en niveles de pobreza? Es conveniente regresar a la gran cantidad de datos de los EEUU cuando se plantea esta pregunta. Se presentan los datos mostrados anteriormente, es decir, la media de icao para los 3 grupos étnicos. A continuación la media de los niños más pobres, también por grupo étnico. En esta comparación, no hay diferencia entre los niños blancos no hispanos y los afroamericanos, ambos tienen la misma media de 1,15. Los niños mexicanos tienen una media mayor pero la diferencia es drásticamente menor. Es más, se ha reconocido que incluso dentro del mismo grupo étnico, el efecto de la pobreza será mayor en los grupos minoritarios debido a la peor perspectiva de empleo y condiciones de vida. En resumen, la pobreza es el indicador de riesgo más importante para explicar las diferencias en salud oral, más que el grupo étnico. Desde una perspectiva práctica, el nivel educativo está íntimamente ligado a la pobreza y dentro de cualquier grupo étnico refleja hábitos alimenticios, conductas de cepillado y creencias sobre la salud oral.

 

La nutrición materna está directamente afectada por la pobreza y se sabe que la malnutrición materna y la malnutrición crónica durante los primeros meses de la vida del bebé llevan a una formación incompleta del esmalte, hipoplasia. Varios estudios han documentado que los niños con hipoplasia del esmalte (HE) tienen mayor riesgo de caries. En la China rural, se calcula que los niños con HE tienen de 2 a 5 veces más probabilidades de tener caries. Además, los mismos niños con HE tienen más tendencia a un mayor número de streptococci mutans. Se han encontrado proporciones más altas incluso en los niños de Tanzania.  Los niños con HE tenían 15,6 veces más probabilidades de tener una proliferación de caries. Además, similares proporciones (17,8) se encontraron en niños que fueron amamantados durante la noche, utilizando el pezón como chupete. Los investigadores formularon la hipótesis de que la hipoplasia de esmalte se debería tener en consideración como un factor de predisposición de los niños en Saipan, en el norte de las Islas Mariana. En esta población, las probabilidades de padecer caries de esmalte eran 9,6 veces más para los niños con hipoplasia y, por separado, 7,8 veces mayor para los niños con puntuaciones cariogénicas (dieta alta en azúcares).

 

La pobreza también se ha relacionado con el acceso al tratamiento dental. A nivel internacional, existen desigualdades en el acceso al tratamiento dental dependiendo de la región, el grupo étnico o cultural y el grupo socioeconómico. Los grupos menos favorecidos tienen más probabilidades de padecer caries y no recibir tratamiento, menos obturaciones y en algunas sociedades, mayor número de extracciones que sus homólogos de otros países. En algunos casos, esto refleja directamente la economía de la atención bucodental. Por ejemplo, una sencilla obturación con amalgama en China puede costar dos tercios del salario medio semanal de un agricultor en una zona rural. En otros países, donde el coste no es tanta barrera, un menor número de obturaciones puede reflejar una diferenciación en los hábitos de asistir a la consulta dental, barreras culturales y de idioma para el acceso, y en ocasiones, el valor atribuido al tratamiento dental, especialmente de la dentición temporal, por la familia y el dentista. En los EEUU es posible que sea una interrelación compleja de factores, pero claramente, los niños desfavorecidos tienen unos niveles mayores de caries sin tratamiento, en dientes temporales y permanentes. En el ejemplo ofrecido aquí, los niños en edad preescolar más pobres ocupan el 79% de todas las enfermedades sin tratamiento, lo que significa el doble del nivel de los niños más ricos que tienen menos de la mitad de sus caries (45%) sin tratamiento. Estas diferencias no se confinan a la dentición temporal y a la edad de 6 a los 12 años, sólo el 9% de la caries en dientes permanentes de los niños ricos queda sin tratamiento, en comparación con el 41% de los más pobres. En Escocia, a pesar de que todos los tratamientos dentales para niños son gratuitos y los dentistas son compensados a escala nacional, existe una relación lineal entre la proporción de la caries en niños de 5 años a los que se aplica obturaciones. En los niños que viven en las zonas más pobres, menos del 5% de sus caries es en dientes obturados. Además, las preferencias de tratamiento para los dientes temporales varían entre países. En un estudio comparativo de la salud oral infantil entre Escocia y Bélgica, se hizo evidente que la mayor diferencia estaba en el número de dientes extraídos. En Escocia, la extracción de dientes temporales era el tratamiento elegido para los niños más pobres, cuando se proporcionaba tratamiento. En contraste, en la muestra belga las extracciones ocupaban una pequeña proporción del icao.

 

A pesar de estas grandes diferencias en el tratamiento, una cuestión fundamental es preguntarse si el aumento de acceso al tratamiento reduce las desigualdades en la salud oral. Los datos de un estudio a gran escala en Inglaterra sobre el pago a dentistas comparó la salud de los niños registrados con un dentista y los que no estaban registrados. Los niños registrados tenían más tratamiento de caries, sin embargo, no tenían menos caries en general. De hecho, hay pocas pruebas de que el aumento del acceso reduzca la caries. El aumento del acceso conduce a un mayor número de tratamientos por obturaciones y extracciones.

 

En un trabajo que pretenda el enfoque en la prevención de caries, se necesita incluir el grueso de la investigación para identificar la caries. En países industrializados, la caries en dientes temporales sigue siendo el mejor indicador de caries en dientes permanentes. Sin embargo, esta relación no se mantiene para muchos países en vías de desarrollo. De hecho, un alto nivel de caries puede ser común en la dentición primaria pero a menudo existe una prevalencia de caries menor en los dientes permanentes. Esto se observa en los niños del subcontinente indio que tienen mayores niveles de caries durante sus años preescolares y unos niveles más bajos en la dentición permanente. Algo similar sucede en China. En Wuhan, los niños de 6 años que viven en zonas urbanas tienen un índice de caries muy alto en la dentición temporal, con una media de casi 6 dientes afectados. Los niños de zonas rurales tienen menos caries pero tienen una media de 3,9 dientes con caries. En contraste, en las mismas comunidades, a los doce años los niños de zonas urbanas tienen un ICAO medio de 1,5 que es bajo, pero todavía sigue más alto que el registrado en sus homólogos de las zonas rurales con sólo un 0,4. Las diferencias también se pueden observar en los niños de minorías inmigrantes en Europa cuando se compara con los niños nativos de la misma edad. En Noruega, los niños proceden de una gran variedad de países pero fundamentalmente de Turquía, Pakistán y Vietnam. En la dentición primaria, estos niños tienen un icao medio de 3,6, más del triple del índice de niños noruegos (1.0). Sin embargo, en la dentición permanente los niveles de enfermedad, son completamente comparables en todos los grupos, con un bajo ICAO de sólo 2 en edades de 7 a 18 años.

 

En esa fase, resulta útil considerar la diferencia entre los indicadores de riesgo y los factores de riesgo de enfermedad. La pobreza y la etnia son indicadores de riesgo para las caries sin tratamiento y para identificar a los grupos de mayor riesgo. Sin embargo, por sí solos no explican las causas de la diferencia. Por contra, el factor de riesgo juega un papel fundamental en la ocurrencia de la enfermedad. Las evidencias de un gran número de estudios muestran que en las comunidades sin fluoración de aguas, y donde el dentífrico con flúor está normalmente disponible, es la falta del uso del dentífrico desde una edad temprana el principal riesgo de caries. Para ilustrar este punto simplemente con los datos ya considerados, recordemos el estudio de los niños en Ámsterdam. Los datos sobre la prevalencia de caries a los 5 años aparecen con diferencias que van de un valor alto (8,2) en los niños marroquíes a 3,4 en los de Surinam. Dentro de este estudio, los autores recopilaron datos sociodemográficos detallados y datos sobre los hábitos de salud bucodental, especialmente el uso de dentífrico con flúor y el cepillado. En el análisis multivariante, donde se pueden apreciar todos estos factores juntos y explicar las diferencias en la prevalencia de caries, no se encontró relación entre la etnia de los niños y el icao. Resultó ser el nivel de educación de los padres, de hecho la madre, el indicador más importante del riesgo de caries. Los niños cuyos padres tenían una escolarización limitada estaban más expuestos al riesgo. Lo mismo sucede en la mayoría de familias del norte de África. Los factores de riesgo más importantes resultaron ser la edad a la que los padres comenzaron a limpiar los dientes de sus hijos y la frecuencia del cepillado.

 

Esto se manifiesta en la ilustración que muestra la edad a la que los niños comenzaron a cepillarse y su experiencia de caries. Los niños cuyos dientes eran cepillados a la edad de 1 año tenían un icao medio de 4,5, en comparación con el 5,7 de los que comenzaron a los dos años. Los que no comenzaron hasta los 3, tenían un icao de 8,9 que aumentó hasta una media de 10 para los que no comenzaron a cepillarse hasta los 4 años. Los resultados de este estudio transversal se han confirmado en estudios longitudinales del desarrollo de caries, con mayores niveles en los niños que no comenzaron a cepillarse hasta después de 1 año. ¿Qué sabemos de la prevalencia de caries actualmente? Numerosos informes documentan el descenso en países desarrollados y el consenso sobre la razón para este descenso es el uso extendido de dentífricos con flúor. El descenso no se ha debido al aumento del tratamiento dental ni a las acentuadas reducciones de la ingestión de azúcar. Los niños que continúan fuera de este descenso son los que no se cepillan los dientes con un dentífrico con flúor habitualmente, desde muy pequeños. En contraste, en algunos países en vías de desarrollo, el aumento del consumo de productos de azúcar refinado se ha combinado con un bajo acceso al flúor, lo que ha conducido a mayor número de caries. Al considerar el riesgo de una enfermedad multifactorial que depende de una interacción entre bacterias, carbohidratos fermentables y una superficie del diente susceptible, es esencial que se entienda el papel del azúcar alimentario. Sin embargo, el papel del azúcar en la caries es indiscutible, en términos prácticos, en países desarrollados donde hay un amplio acceso al flúor hay una débil relación entre el azúcar y la caries. Por contra, en los países en desarrollo, una nutrición materna insuficiente y el mayor uso de productos de azúcar refinado en zonas urbanas sí que pone a algunos niños en riesgo de caries.

 

Habiendo revisado estos indicadores clave del riesgo de caries y factores de riesgo de caries, conviene que nos cuestionemos si deberíamos dirigir nuestros esfuerzos preventivos y la forma de hacerlo. Partiendo de una base de salud pública, es más efectivo dirigirse a grupos de alto riesgo, que intentar dirigirse a individuos de alto riesgo. Siempre teniendo presente los grupos de alto riesgo ya identificados en esta presentación. Los niños que viven en áreas pobres de países industrializados, los que viven en áreas urbanas de crecimiento rápido - en países en vías de desarrollo-, y los inmigrantes recién llegados a Europa. En muchos casos, sólo al utilizar estas amplias categorías habremos identificado a los grupos, especialmente si son niños en edad preescolar, que tienen todos el riesgo de desarrollar caries. Se debe recordar que “si la mayoría de personas contrae alguna enfermedad, el modelado del riesgo no será más eficiente que simplemente conocer la prevalencia de la enfermedad en la comunidad.”

 

Dentro de estas amplias categorías, es posible intentar identificar a los individuos con alto riesgo. Esto requerirá información adicional, por lo menos un reconocimiento dental detallado, probablemente pruebas microbiológicas y posiblemente información sobre la conducta en salud bucodental. Varios estudios se han llevado a cabo partiendo de estos conceptos. A pesar de todo el duro trabajo, dirigirse a individuos no resulta rentable. En dos grandes pruebas clínicas recientes que trataban con niños de 12 años con alto riesgo durante 3 años, no se obtuvo ningún beneficio adicional en la reducción de caries por encima de los grupos de control, también en alto riesgo, utilizando una prevención sencilla. Si por lo tanto, tuviéramos que seleccionar grupos de alto riesgo más que individuos, ¿Qué métodos se deberían elegir para la prevención de la caries? Está claro que la evidencia base para un cepillado dos veces al día con 1000 ppm de dentífrico con flúor ( en zonas sin fluoración de aguas) es la más sólida que tenemos para un método de prevención primaria. Uno de los problemas que tenemos es intentar aplicar demasiados métodos a la vez sin conseguir emplazar este procedimiento preventivo básico. De hecho, es tan esencial que cualquier otro método preventivo se debería ver como adicional, y en algunas comunidades, no se necesitaría ningún otro método. En los países en vías de desarrollo, un primer paso importante será asegurar un suministro consistente de dentífricos con flúor económicos. Al fomentar que todos los grupos de niños en riesgo pasen a cepillarse dos veces al día, es importante que las diferencias culturales sobre la conducta del cepillado se tengan en cuenta.

 

Un ejemplo de diferencias culturales en el cepillado es las creencias de los padres sobre el cepillado. Se comparan las conductas de cepillado y el papel de los padres en comunidades de alto riesgo de caries en China y Escocia. Afortunadamente, en ambas comunidades, la mayoría de madres cree que el cepillado previene la caries. Sin embargo, en ambos grupos culturales, no todos los niños se cepillan dos veces al día. En la comunidad china es sólo el 22% mientras que en Escocia es el 76%. Aunque este número es mayor, todavía se ha dejado una gran minoría con mucho más riesgo y estos niños desarrollaron de forma significativa más caries. Una diferencia muy importante es la proporción de padres que supervisan el cepillado de sus hijos, menos del 1 por ciento en las madres chinas en comparación con casi la mitad de madres escocesas. Los padres subestiman la importancia de llevar a cabo el cepillado ellos mismos con los niños más pequeños y la supervisión del cepillado de los niños en edades más tempranas. La implicación diaria conduce a mejoras sustanciales en la salud dental.

 

En términos de prevención secundaria, los selladores de fisuras y TRA (Tratamiento Restaurador Atraumático) son procedimientos basados en la evidencia que aumentarán el cepillado diario. En los países desarrollados, con una comunidad estructurada y servicios públicos, los programas de selladores de fisuras que se llevan a cabo en poblaciones escolares con alto riesgo pueden resultar beneficiosos. En los países en vías de desarrollo, el uso de TRA proporciona una alternativa práctica de bajo coste.

 

Por lo tanto, como se dijo, la prevención primaria debería ser el cepillado con dentífrico con flúor. Existen ventajas significativas con este enfoque, aparte de la sólida base de evidencias. Más importante, pone la prevención en las manos de las propias personas y no depende de las visitas al dentista. Reducirá la caries y mejorará la salud de las encías además de reducir el nivel de infección bacteriana en la boca. De forma ideal, el cepillado debería comenzar durante el primer año de vida. Debería formar parte de la higiene general rutinaria, se debería enseñar en casa por los padres y reforzar frecuentemente hasta que forme una parte integral de la vida cotidiana, socialización primaria. Sin embargo, en algunas familias y comunidades, esto puede no ser posible. En estos casos, la escuela puede ser un punto de comienzo importante, especialmente donde la previsión preescolar está bien establecida.

 

Recientemente, se ha llevado a cabo dos pruebas clínicas de cepillado en escuelas en China y en Escocia. Ambas utilizaron un dentífrico de 1000 ppm de flúor y la supervisión del cepillado por el profesor. En China, los niños comenzaron en el parvulario a los 3 años y continuaron durante 3 años. En Escocia, la edad de comienzo fue los 5 años y siguieron durante 2 años. Ambos consiguieron beneficios. Varias lecciones se pueden aprender de estos estudios y aplicarlas para el trabajo futuro. Es importante que los programas de cepillado escolares lleguen a implicar a los padres, si se desea que el cepillado llegue a establecerse permanentemente, es necesario que se refuerce en casa. Los niños más pequeños necesitan ayuda práctica y puede que no todos los profesores quieran involucrarse. En ambos estudios, la caries en dientes temporales se estableció correctamente en estos niños con alto riesgo y se puede apreciar poco beneficio en los dientes primarios cuando se comienza después de los 5 años. Sin embargo, tal programa puede contribuir a detener lesiones ya establecidas permitiendo que la enfermedad se estabilice y se pueden obtener beneficios significativos para los primeros morales permanentes de nueva erupción.

 

Al considerar las implicaciones para el futuro, el cepillado diario con un dentífrico con flúor debería ser el objetivo para todos nuestros niños que no tienen acceso a aguas fluoradas. Para que fuera perfecto, esta conducta debería formar parte de una rutina de higiene diaria llevada a cabo, y posteriormente, supervisada por los padres. Las escuelas pueden jugar un papel fundamental pero los programas escolares necesitan llegar a las familias en casa.

 

Muchas gracias por su atención.