Formación Continuada

HISTORIA CLÍNICA MÉDICA-DENTAL

Siguiendo el proceso de diagnóstico médico clásico, debemos empezar por la elaboración de una historia clínica médica y dental, indagando sobre sus antecedentes personales y familiares. Tras una primera incursión en cuál es su problema oral, debemos centrarnos en su historia médica. La elevada morbilidad de estos pacientes y el consumo de gran cantidad de fármacos nos obliga a detenemos en la elaboración del historial médico. Numerosos estudios han evidenciado el aumento de patologías sistémicas y polifarmacoterapia en las personas mayores que requieren tratamiento dental. En el desarrollo de la anamnesis, se, ha demostrado cómo el utilizar un cuestionario a completar por el paciente o sus acompañantes ayuda bastante a la hora de realizar un historial médico correcto. La propia anamnesis debe comenzar en el momento que el paciente entra en nuestro gabinete. El deambular, la apariencia general, la conversación inicial, etc., nos pueden dar una primera lmpresión de sus cualidades y recursos sociales, cognitivos, económicos y físicos (fig. 1). Sería importante, por tanto, no ceñirnos a su patología dentaria, sino realizar una evaluación global.

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Figura 1.

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Figura 2.

La evaluación geriátrica ideal la podemos ver resumida en la tabla 1.

Tabla 1. Evaluación médica del paciente geriátrico

Datos biomédicos
Diagnósticos actuales y pasados. Sobre todo procesos crónicos, señalando su duración y, si es posible, su impacto sobre la capacidad funcional.
Datos nutricionales. Dieta habitual, cambios de peso, parámetros antropométricos y biológicos
Historia famacológica. Fármacos consumidos, duración, dosis, y reacciones adversas.
Datos funcionales
Función física. Analizar el grado de dependencia para realizar las actividades de la vida diaria: básicas (comer, bañarse, vestirse, uso del retrete, movilidad y continencia) e instruentales (utilización de transportes, ir de compras, uso del dinero, del teléfono, de los medicamentos, tareas domésticas). Movilidad
Función cognitiva: Diferenciar las distintas áreas (orientación, fijación, memoria reciente, atención, lenguaje, comprensión)
Función emocional. Incluye valorar la presencia de depresión, paranoia y alucinaciones, el tipo de personalidad y la capacidad de adaptación.
Función perceptiva. Incluye audición, habla y visión
Datos sociales
Capacidad social del individuo. Incluye historia matrimonial, grado de disponibilidad para aceptar ayudas, presencia de amigos íntimos.
Domicilio. Si vive solo o acompañado, características del domicilio (ascensor, calefacción, comodidades, etc.)
Recursos económicos. Sistema de apoyo. Incluye cantidad y calidad y uso de soporte organizado. Debe identificarse al cuidador principal.

La mayoría de los estudios sobre patologías sistémicas en el paciente anciano coinciden en sus resultados.

Cuatro de cada 5 ancianos presentan al menos un proceso crónico. El grupo de patologías más frecuentes son las cardiovasculares, fundamentalmente la hipertensión arterial. Les siguen procesos articulares, diabetes y alteraciones en los órganos de los sentidos. La gran mayoría de ellas requieren de ciertas consideraciones en el manejo medicodental que debemos conocer y aplicar en función de la gravedad o dificultad del tratamiento dental.

Por otra parte, en cuanto al consumo de fármacos, numerosos trabajos epidemiológicos coinciden en señalar que: a) el anciano es un gran consumidor de fármacos (fig. 2); b) con frecuencia se automedica; c) tiende a mantener de forma estable el uso de aquellos fármacos que decide le sientan bien, y d) interpreta a su gusto las indicaciones del médico en este sentido. Por ello, es muy importante el registro de los medicamentos consumidos. La manera más fácil de anotar la medicación que están tomando es pidiéndoles que la traigan el día de la visita. Insistiremos en aquellos fármacos autoprescritos y en el tiempo que llevan tomándolos. Debemos anotar dosis, duración e indicaciones. Algunos fármacos como los corticoides o el ácido acetilsalicílico (AAS) pueden estar prescritos por diversas circunstancias, con efectos secundarios y necesidad de ciertas precauciones previo al tratamiento dental. Igualmente debemos anotar aquellos efectos adversos sobre la cavidad oral de los fármacos consumidos, así como posibles reacciones alérgicas. Trabajos como los de Levy et al informan cómo un 75% de la población toma algún fármaco con implicación oral y más del 50% tomaba fármacos con efectos potencialmente xerostómicos. Lewis encuentra además otros fármacos con importancia en la cavidad oral como aquellos que alteran la coagulación de la sangre (AAS, heparina, warfarina, algunos AINE, etc.), fármacos que originan reacciones en tejidos blandos (metilcopa, barbitúricos, suifonamidas, AINE, etc.) y otros que cursan con hiperpiasias gingivales o cambios del sabor de alimentos.

Existen varias características en el anciano frente al consumo de fármacos que debemos tener en cuenta antes de prescribir nuestra propia medicación. En primer lugar, la farmacocinética en estas edades, referida a la absorción de fármacos, distribución, metabolismo y excreción, se ve alterada en la mayoría de las ocasiones por cambios fisiológicos o patológicos en el sistema renal, hepático, digestivo y composición corporal (aumento de grasas y disminución en el número de receptores de unión a proteínas). En segundo lugar, la elevada frecuencia de enfermedades y procesos crónicos asociados contraindica en numerosas ocasiones algunos de los fármacos utilizados en odontología. Por último, el uso de varios fármacos a la vez los predisponen a un mayor número de efectos secundarios e interacciones farmacológicas.

Por todo lo anteriormente comentado, es de capital importancia la realización de una historia clínica médica lo más completa posible, realizando aquellas consultas interfacultativas que creamos necesarias.

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