Formación Continuada

INTRODUCCIÓN

Desde los albores de la salud pública moderna, se conoce que la salud y la enfermedad están desigualmente distribuidas entre la población. Esto obedece, en gran parte, a diferencias sociales y culturales entre los individuos, grupos y colectividades. Estas y otras observaciones ponen de manifiesto que, sin cambio social y control de los factores negativos, será muy difícil que el Sistema de Salud Pública de un país pueda modificar de forma positiva el nivel de salud de su población. Según el informe Laionde (ministro de sanidad de Canadá, 1974). Y, el determinante de la salud que más influye en la salud de la población es la mejora en los hábitos de estilo de vida (contribuye a reducir potencialmente la mortalidad en un 43%), en segundo lugar los esfuerzos destinados a mejorar la biología humana (27%), en tercer lugar la mejora en la calidad del medio ambiente (19%) y finalmente los servicios asistenciales (11 %). En cambio, los recursos destinados al sector de la salud van mayoritariamente dirigidos a la asistencia sanitaria, cuya contribución en reducir la mortalidad recordemos que es, potencialmente, de un 11 %. Es decir, los servicios asistenciales suelen recibir una asignación superior al 90% de los recursos, mientras que la mejora de la calidad del medio ambiente de los recursos sanitarios y la mejora de los estilos de vida tienen asignados un 1,5% de los recursos cada uno.

El esquema de Laionde puede ser aplicado perfectamente a las principales enfermedades bucodentales. Por ejemplo, la caries ha afectado al ser humano desde prácticamente sus origenes, pero su prevalencia ha ido aumentando de forma espectacular hasta convertirse en una enfermedad casi universal. Esto ha sucedido debido a factores ligados al estilo de vida y el medio ambiente, fundamentalmente los cambios en los hábitos dietéticos.

Como consecuencia de esta visión global de la salud y la enfermedad bucodental, y tras el fracaso reiterado de la odontología paliativa en el control de las enfermedades, surgió una nueva perspectiva en algunos de los países más industrializados, para enfrentarse a los problemas de salud oral. Esta nueva perspectiva estaba basada en la utilización de amplias medidas preventivas aplicadas sobre grandes grupos de población, especialmente población infantil. La mayoría de estas medidas, utilización de flúor, mejora de la higiene oral, mejora de los niveles de conciencia odontológica, etc., están relacionadas con cambios en los hábitos de comportamiento de la población. Siguiendo la tónica señalada, en los últimos años los índices de salud bucodental hallados en nuestro entorno han mejorado de forma espectacular, especialmente en la población infantil. En cambio, el grupo que presenta mayores problemas de salud bucodental es el de las personas de edad avanzada. Se especula que el nuevo anciano presentará una mejor salud bucodental, estará más preocupado por el aspecto de sus dientes y acudir-á con más frecuencia al odontólogo demandando tratamientos más sofisticados. Las personas mayores, a la pregunta de cuál es el papel de los dientes en relación a su calidad de vida, suelen responder que la importancia de los mismos es fundamental en el aspecto de la persona y en la capacidad para comer, básicamente. Así y todo, la realidad actual demuestra que la preocupación por la salud bucodental de los más mayores es muy pobre. El estoicismo con que aceptan el deterioro de la salud bucodental no es propio del nivel de exigencia en otros ámbitos sanitarios: por ejemplo a nadie se le ocurre negar a un anciano el ingreso en una unidad de cuidados intensivos, es normal cambiar la prótesis de cadera a una persona de 90 años, o sin más comentarios el mismo fenómeno Viagra.

Los principales objetivos de la prevención primaria en odontología son prevenir el inicio de la enfermedad o revertirla en sus estadios iniciales. La intervención, ya sea qui'mica, mecánica o la modificación de algún tipo de conducta, debe ser lo más inespecífico posible, es decir, deberá mejorar la salud del mayor grupo posible de procesos patológicos,

En la consulta dental, en cambio, el tratamiento preventivo deberá ser lo más específico posible, adaptándose a las necesidades particulares de cada individuo en el momento de la exploración.Teniendo en cuenta que los factores de riesgo de aparición de una determinada enfermedad no suelen ser estáticos, sino que varían con el paso del tiempo, las medidas preventivas individuales serán consideradas perecederas, con fecha de caducidad. Ésta será la que determinará la efectividad de las medidas recomendadas y, por ende, la nueva visita de revisión.

En personas de edad avanzada, la promoción de la salud bucodental ha sido centrada sobre 3 enfermedades: la caries dental, la enfermedad periodontal y el cáncer oral. Al igual que en el resto de población, la única manera de mejorar la salud bucodental de las personas mayores es acentuando las políticas preventivas, A continuación se revisarán las principales pautas preventivas apropiadas para la prevención de la salud bucodental en personas de edad avanzada que debería conocer todo dentista generalista.

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