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REFERENCIAS
ODONTOLÓGICAS EN EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA El Cervantismo reúne toda una serie de diversas actitudes ante la obra de este gran escritor, que conforma una especie de género exegético en el que han intervenido toda clase de eruditos, escritores y aficionados. En gran medida debido a que El Quijote, considerado ya una obra clásica, precisa de interpretaciones, de comentarios, de notas y aclaraciones, y por ello, todo lo referente a Miguel de Cervantes y su obra, es exhumado y estudiado con entusiasmo y afecto. Hasta la actualidad, autores como Miguel de Unamuno, Dámaso Alonso, Leo Spitzer, Joaquín Casalduero, Luís Rosales, Gregorio Marañón o C. Riley, han realizado importantes estudios sobre la esencia de El Quijote, que nos han permitido comprender la auténtica extensión e importancia de esta obra Universal. ![]() En la época en la que se publica el Quijote (26 de Septiembre de 1604), la Odontología en nuestro país no había abandonado aún los criterios terapéuticos de la Edad Media y los únicos adelantos científicos se producían por la iniciativa particular de los profesionales que ejercían en las grandes capitales. Una excepción a esta norma, la constituye la figura de Francisco Martínez, coetáneo de Miguel de Cervantes y al que se puede considerar padre de la literatura Odontológica Española. Su obra, "Coloquio breve y compendioso sobre la materia de la dentadura y aderezar los dientes" publicada en Valladolid en 1557, es una de las primeras publicaciones regladas sobre Odontología en el mundo. En El Quijote, existen numerosas referencias literarias de carácter odontológico, destinadas fundamentalmente a destacar la importancia de los dientes desde el punto de vista estético, higiénico y funcional. Además de las razones instructivas y moralizantes que inundan todas las páginas de esta obra, Miguel de Cervantes proyecta en estos consejos, su frustración personal, como consecuencia del estado de su dentadura, que aparece perfectamente descrita en el prólogo de sus Novelas Ejemplares: ...Este que véis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva aunque bien proporcionada, y las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes no crecidos, porque no tiene sino seis y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros...llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra...". El objetivo de analizar las referencias odontológicas, a través de los siguientes capítulos de El Quijote, no es otro que el de aproximarse al contexto histórico, social, cultural y científico de la época. Capítulo l, "...Frisaba la edad de nuestro hidalgo en los cincuenta años: era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro.. "" Entre los siglos XVI y XVII la esperanza de vida al nacer se encontraba entre los treinta y los cuarenta años. Sólo el diez por ciento de la población llegaba a los sesenta años, por lo que podemos considerar que Don Quijote se encontraba en los últimos días de su vida cuando inició su aventura, lo que hace aún más incomprensible su decisión. Sus datos constitucionales y anímicos coinciden con los de un individuo colérico y melancólico (la complexión o constitución física estaba determinada por el equilibrio relativo de las cuatro cualidades elementales y los cuatro humores, que condicionaban el temperamento o carácter), los cuales poseen rasgos de inventiva y singularidad similares a los de nuestro Hidalgo. La morfología de su cara era delgada y alargada, claramente dolicocefálica, con pómulos y ángulos nasogenianos marcados y mandíbula prominente, lo que le obligó a tomar como yelmo una bacía de barbero. La bacía, era uno de los elementos esenciales, en el instrumental de barberos y sangradores. Estas batías de barbero solían serde latón, de forma semiesférica, con un reborde en el que se abría una muesca semicircular para que entrase en ella el cuello de quien se remojaba la barba, se sometía a una sangría o a una extracción dentaria. Don Quijote tenía todos sus dientes sanos, excepto la cordal; ya que en ningún momento Cervantes utiliza el término de muela del juicio para designar a este diente, quizás en un intento de no ridiculizar por analogía, la locura de Don Quijote. La descripción exacta que realiza Miguel de Cervantes de su personaje, viene apoyada posiblemente en la lectura de una incipiente literatura científica, muy novedosa en esos años, como es el estudio de Pedro Miguel de Heredia sobre el delirio y otras locuras, de una innegable originalidad para los conocimientos de la época; y por la influencia de la figura de su padre, Rodrigo de Cervantes, el cual el 30 de Octubre de 1564 se declara Médico Cirujano en la colación de San Miguel. Capitulo Xlll. "...Sus
cabellos son de oro, su frente campos Elíseos, sus cejas arcos
del cielo. ....sus labios corales, perlas sus dientes.... " ![]() Esta es la primera vez a lo largo de toda la obra de Cervantes en la que se ensalza la dentadura como parte fundamental en la estética de la cara. Esta referencia literaria es claramente intencional para intentar destacar una característica excepcional en la belleza de una mujer de la época. No hay que olvidar, que la mayor parte de la población de este siglo, se encuentra total o parcialmente desdentada. A lo largo de toda la obra, Miguel de Cervantes reserva el calificativo de dientes de perlas para designar a los de Dulcinea, utilizando otros tópicos diferentes con las restantes protagonistas. Capítulo XVII. "...De algún descomunal gigante, y asentome una puñalada en las quijadas, tal, que las tengo todas bañadas en san-gre.... levántoteSancho.... y procura que se me dé un poco de aceite, vino, sal y romero, para hacer un salutífero bálsamo... " En El Quijote aparecen claras referencias a las armas terapéuticas, al señalar que el aceite, el vino, la sal y el romero eran los elementos básicos que se empleaban en la medicina popular, para la elaboración de bálsamos, y que en este caso Don Quijote reclama para sus maltrechas quijadas. Dichos elementos aparecen citados también como indispensables en el libro de Gregorio López "Cuatro libros de la naturaleza y virtudes de las plantas y animales, muy útil para todo género de gente que vive en estancias y pueblos do no hay médico ni botica". Todos los componentes del bálsamo tenían propiedades astringentes y cicatrizantes. A pesar de los múltiples traumatismos faciales y generales que Don Quijote sufre a lo largo de sus aventuras, ninguno de ellos, salvo los dentarios, tienen repercusión en las andanzas del protagonista en el capítulo posterior. Esta técnica literaria estaría relacionada con el intento de Cervantes de autodestruir a su personaje en cada uno de los capítulos. Capítulo XVIII. "...Pero dame acá la mano, y atiéntame con el dedo, y mira bien cuantos dientes y muelas me faltan deste lado de la quijada alta... ¡Sin ventura yo', dijo Don Quijote, oyendo las tristes nuevas que su escudero le daba, que mas quisiera que me hubieran derribado un brazo, como no fuera el de la espada... " Don Quijote conoce el buen estado de su dentadura, de ahí su lamento cuando reconoce que nunca ha perdido un diente por neguijón, caries, reuma o infección. Tales conocimientos fueron posiblemente adquiridos por Miguel de Cervantes en la obra de Sorapán en la que se señalan las cuatro enfermedades básicas de la dentadura. Tras la inspección de su escudero, Don Quijote emplea los conocidos refranes: "boca sin muelas, molino sin piedras", "más vale un diente que un diamante" y "más vale un diente que un pariente", para designar la desgracia que supone la pérdida de la dentadura. La utilización de estos refranes populares por Miguel de Cervantes en su obra, indica el conocimiento que la población tenía ya de ellos y de su frecuente utilización en otras circunstancias similares. Capítulo XIX.
"... Y créame que le digo verdad, porque le prometo a vuestra
merced, señor, que le hace tan mala cara el hambre y la falta de
muelas, que como le tengo dicho, se pondrá muy bien excusar la
triste pintura... " ![]() A principios del Siglo XVI tal como nos refiere este capítulo, es muy común la utilización del palillo de dientes como elemento fundamental en la higiene oral de las clases pudientes. En esta ocasión Miguel de Cervantes intenta ridiculizar a la clase noble española (motivo ampliamente recurrido en toda la literatura del Siglo de Oro español), indicando su costumbre de comer a puerta cerrada, es decir sin la posibilidad económica de invitar a nadie, remarcando el empleo ostentoso del palillo de dientes o biznaga para demostrar públicamente que se había comido de forma ostentosa, cuando en realidad no había sido así. Capítulo XLIII. "...Que nadie se tome con su gobernador ni con el que le manda, porque saldrá lastimado, como el que pone el dedo entre dos muelas cordales, y aunque no sean cordales, como sean muelas, no importa... " Sancho emplea el término de muelas cordales, para designar a los molares más potentes y resistentes. También en este caso, el autor lo utiliza para referirse figuradamente a dos parientes cercanos (por proximidad del superior con el inferior) y a las consecuencias que normalmente se derivan de inmiscuirse en los problemas familiares ajenos. Capítulo XLVII. ". .. Es tan limpia, que por no ensuciarla cara trae las narices, como dicen, arremangadas, que no parece sino que van huyendo de la boca; y, con todo esto, parece bien por estremo, porque tiene la boca grande, y, a no faltarle diez o doce dientes y muelas, pudiera pasar y echar raya entre las más bien formadas... " En la descripción que Miguel de Cervantes hace de Clara Perlerina, nos deja entrever una clara parálisis facial. Clara Perlerina era hija de Andrés Perlerino, un rico agricultor perteneciente a la saga de los Perlerines, nombre que no tenían por su abolengo o alcurnia, sino porque todos ellos sufrían de perlesía; nombre bajo el cual se agrupaban las enfermedades que suponían la disminución de sensibilidad o movilidad de algún miembro. Es por ello, por lo que el autor se refiere a su nariz huyendo de la boca a consecuencia de lo cual, exponía de forma permanente una parte de su dentadura, tal como ocurre en algunas parálisis faciales. Sin embargo, Cervantes recalca en su descripción, que es la ausencia de diez o doce dientes y muelas, lo que exagera aún más su defecto. Capítulo LVII (ll). "...Si te cortares los callos, sangre las heridas viertan, y quédente los raigones, si te sacares las muelas, cual Vireno, fugitivo Eneas... ". El canto de Altisidora en El Quijote, no es más que una recreación burlesca del mito de Ariadna y Teseo, poetizado por Ovidio. En su parte final, en la que la protagonista maldice todo tipo de suertes, alude a la fractura de las raíces de las muelas cuando se practican las extracciones. Esta circunstancia era común en la exodoncia de aquel tiempo, ya que la rapidez de actuación de los barberos, junto a la gran destrucción de los dientes, provocaba normalmente la fractura del diente, cuyas raíces eran abandonadas en el interior del maxilar. El conocimiento de la patología dental ha sido descrita indistintamente en novelas de la época, tratados médicos y quirúrgicos, si bien el ejercicio quirúrgico de la odontología, quedaba en manos de los barberos sangradores cuya labor según Martínez del Castrillo se limitaba a "aliviar el dolor y a extraer con la mejor técnica la pieza dentaria afectada". Los barberos tuvieron a su cargo la práctica de la odontología de acuerdo con lo dispuesto en la pragmática de los Reyes Católicos de 1500.
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